martes, 15 de diciembre de 2009

Cosas que me cabrean

0comentarios
Sonando: Hardcore, grindcore, thrash, death y todo lo que sea sinónimo de mala leche. Tengo el día cabreado y variadito.

Hacía mucho que no escribía aquí, tan sólo una escueta presentación y ahí dejé esto, más abandonado que un mono con calvas repartidas por su cuerpo serrano.

Quería hablar de cosas que me joden, que me dan por saco sobremanera (ahora que lo pienso, no sé yo si habrá sitio para todo). Empecemos por el principio que dicen en mi pueblo: gafas de pasta. Sí, gafas de pasta. No me refiero al objeto/ utensilio sino al personaje o personaja (que hay que ser políticamente correctos) que las portan. Ese infraser tan conocido por la gente normal en Barcelona por ser asíduo del cine Verdi ubicado en la calle del mismo nombre en el emblemático barrio de Gràcia, famoso por tragarse cualquier cosa que lleve el nombre de Isabel Coixet delante y considerar el cine iraní como paradigma de lo intelectual. Por supuesto, escuchan jazz. Vamos, costaría imaginarse que por sus oídos entra otra cosa que Chick Korea, John Coltrane o Miles Davis. ¿Quién pollas se han creído que son para desvirtuar algo tan noble con sus ansias de ser cool y parecer (que no ser) listo y sofisticado de semejante manera? Por todos los dioses, que alguien les ate un cordelito a la pierna y vaya tirando de ellos como si fueran un globo no vaya a ser que tanto se les suba la cabeza a las nubes que ya no bajen. Personalmente me los tomaría mas en serio si escuchasen a la Rollins Band o estuvieran versados en los trabajos extramusicales, activistas y quizá algo panfletarios de Henry Rollins; pero quien tenga oportunidad de haber conocido y/o leído algo por el polifacético artista yanqui sabe que su odio, rabia y frustración siempre han estado bien dirigidos y bien argumentados. Supongo que Rollins les parece demasiado para su mundo de pseudointelectualoides culturalmente inofensivos (aunque vomitivos).

Sigo que voy lanzado, que alguien me pare. Emos: ¿De dónde salís vosotros hijos míos? ¿Qué tenéis vosotros que ver con los grupos de hardcore que a principios de los 80 decidieron hablar sobre sus propios sentimientos y temas emocionales (de ahí el término "emo")? Ya os lo digo yo: ABSOLUTAMENTE NADA. Lo siento chavales: no sois más que un subproducto del márketing (como el gilipollas de la foto de la izquierda, y mi madre cree que soy un bicho raro...). Me hace gracia vuestra obsesión con la muerte y el suicidio disfrazada de interés por lo mórbido. ¿Sabéis quien fue Ed Gein? ¿O Albert Fish? Como bien imagino supongo que no. Pasaos por Google, buscad esos nombres y añadid los de Jeffrey Dahmer y John Wayne Gacy, estudiad y comprenderéis. Eso demostraría un cierto interés por lo mórbido que un cerebro podrido como el mío podría aceptar, mientras tanto soltad de una puta vez esa maldita cuchara: no sirve para cortarse las venas. ¿Qué coño saben sobre muerte, destrucción y desolación My Chemical Romance o Avenged Sevenfold? ¿Y los AFI? Anda ya... Y antes de que se me olvide, cualquier persona que se atreva a mezclar en una vestimenta "siniestra" o de malo malote de instituto negro y rosa merece la pena de muerte.

Y por el momento me voy a ir callando, pero prometo que habrá segunda entrega...

domingo, 14 de junio de 2009

Entrando a matar

0comentarios
SONANDO: Toxic Holocaust - "An Overdose of Death..."

Hola, ¿qué tal? Espero que cómod@, disfrutando de una bebida fría, unos kikos, pipas o cualquier otro aperitivo en forma de semilla. Dicen que la primera entrada de un blog es muy importante. Quizá sea cierto. Nunca me he planteado la importancia de lo primero que lea la gente sobre lo que pasa por mi cabeza. Pero bueno, ya que parece ser obligatorio presentarse pondré especial empeño en ello y que quede claro por dónde van los tiros.

¿Por qué un tipo como yo necesita un blog? Seguro que vosotros, oh mentes preclaras, os estáis preguntanto exactamente para qué es este blog, sobre qué voy a escribir, si va a ser algún tipo de paparruchada pseudoliteraria o romanticona o si por el contrario va a tener suficiente retórica para hacer quedar en ridículo cualquier panfleto propagandístico político. Empecemos por la explicación larga, más apropiada al gusto de la mayoría general. Internet no sólo ha dado al mundo acceso a cantidades astronómicas de información: también ha dado acceso a miles de personas que buscan descargar su frustración de millones de formas diferentes; ya sea juegos de rol on line, panfletos propagandísticos de dudosa catadura, casinos donde ser un mago del póker o videochats por webcam donde descargar tensiones de forma menos honorable pero igualmente válida. Lo fundamental es que internet ha dado voz a la gente para enfundarse una careta de Arturo Pérez-Reverte y ponerse a despotricar sobre todo lo que les hace hervir la sangre apropiándose de su estilo articulista y su licencia para cagarse en todo. Vamos, lo mismito que pienso hacer yo intentando no caer en la imitación barata. Ahora digámoslo de forma más clara, concisa y menos agradable: hago este blog (que actualizaré cada vez que me venga en gana o cada vez que considere que tengo algo que decir) básicamente porque la humanidad apesta. Sobremanera. Da un asco tremendo, más casi que los telediarios cargados de morbo y violencia, el fútbol y los programas del corazón juntos. La telemierda no es más que un reflejo oscuro del alma humana y de la idiotización a la que los que mandan quieren someternos, pero de eso ya hablaré cuando toque.

Veréis, es más fácil hacer un blog para cagarse en todo que hacer que las Naciones Unidas acepten mi propuesta de interrumpir la vida de fetos de hasta 99 años y matanzas selectivas de determinados miembros de determinadas clases y grupos sociales. La palabra, la información, el conocimiento, son poderosos. Quienes mandan intentan coartar toda libertad de expresión, censurar, interesa un populacho inútil que no sepa casi ni a qué huele la mierda que caga. Pues a mi no me da la gana entrar en el juego. No veo la tele, leo periódicos digitales (y varios para contrastar información) e intento bucear entre la información sin sentido o de relleno. No escucho la radio. Soy un paria, sí, pero probablemente más libre en mi concepción del término que mucha gente que me rodea.

Ahora que ya sabéis de qué pie cojeo es asunto vuestro seguir leyendo o dejarlo estar. Hasta que vuelva a disparar otra ráfaga, pequeñuelos. Mientras tanto idos agachando, nunca se sabe cuando puede llegar el próximo tiroteo.