Hacía mucho que no escribía aquí, tan sólo una escueta presentación y ahí dejé esto, más abandonado que un mono con calvas repartidas por su cuerpo serrano.

Quería hablar de cosas que me joden, que me dan por saco sobremanera (ahora que lo pienso, no sé yo si habrá sitio para todo). Empecemos por el principio que dicen en mi pueblo: gafas de pasta. Sí, gafas de pasta. No me refiero al objeto/ utensilio sino al personaje o personaja (que hay que ser políticamente correctos) que las portan. Ese infraser tan conocido por la gente normal en Barcelona por ser asíduo del cine Verdi ubicado en la calle del mismo nombre en el emblemático barrio de Gràcia, famoso por tragarse cualquier cosa que lleve el nombre de Isabel Coixet delante y considerar el cine iraní como paradigma de lo intelectual. Por supuesto, escuchan jazz. Vamos, costaría imaginarse que por sus oídos entra otra cosa que Chick Korea, John Coltrane o Miles Davis. ¿Quién pollas se han creído que son para desvirtuar algo tan noble con sus ansias de ser cool y parecer (que no ser) listo y sofisticado de semejante manera? Por todos los dioses, que alguien les ate un cordelito a la pierna y vaya tirando de ellos como si fueran un globo no vaya a ser que tanto se les suba la cabeza a las nubes que ya no bajen. Personalmente me los tomaría mas en serio si escuchasen a la Rollins Band o estuvieran versados en los trabajos extramusicales, activistas y quizá algo panfletarios de Henry Rollins; pero quien tenga oportunidad de haber conocido y/o leído algo por el polifacético artista yanqui sabe que su odio, rabia y frustración siempre han estado bien dirigidos y bien argumentados. Supongo que Rollins les parece demasiado para su mundo de pseudointelectualoides culturalmente inofensivos (aunque vomitivos).
Y por el momento me voy a ir callando, pero prometo que habrá segunda entrega...

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